El Cuau, ¿gobernador?

QUEBRADERO

 

Por Javier Solórzano Zinser

Las elecciones no van a cambiar las cosas, más bien huelen a venganzas por doquier, pues todos traen sus pendientes. Hay demasiados agravios y rencores, junto con una alta dosis de desinformación e interpretaciones sobre lo que ha venido pasando. Lo único que han provocado estos escenarios son enfrentamientos, deseos de venganza y que nada se olvide.

La palabra reconciliación dejó de tener validez desde hace por lo menos dos años. Ni el brutal sismo del 19 de septiembre logró que los actores políticos entraran en pausa.
Todo se convirtió en conflicto; la ayuda de los ciudadanos, desde donde se vea, uno de los elementos más preciados y solidarios en medio de la tragedia, fue motivo de una agria y confusa discusión. Todo se litigó en las redes y bien a bien no se sabía qué tan cierto era lo que se decía; al final, el gobierno quedó en medio y poco o nada contó lo que había hecho.

Son muchos los agravios internos, insistimos, que hay en el estado. A esto se suma la situación interna en la UAEM, que ha generado un serio conflicto, el cual tuvo un nuevo capítulo con la detención y posterior liberación del señalado exrector. A Alejandro Vera se le acusa de malversación de fondos, tanto en el gobierno del estado como en la investigación “La Estafa Maestra”.

En medio de un ambiente de marcada confrontación, la gran cuestión es si las elecciones pueden generar nuevos escenarios.

No hay manera de saber qué podría suceder en caso de que Cuauhtémoc Blanco se llevara el triunfo, lo cual, a estas alturas, es una posibilidad real.

Las encuestas iniciales le otorgan una buena posición de salida, lo que no quiere decir que las encuestas de hoy necesariamente sean el triunfo de mañana.

Cuauhtémoc Blanco se ha convertido en uno de los personajes centrales de la elección. No queda claro si el ferviente americanista es quien gobierna Cuernavaca o es, como todo parece indicar, su entorno. Donde se para el futbolista, llena la plaza. Habla poco o nada, se expone lo menos posible. Si en la cancha pedía y exigía a sus compañeros que le dieran el balón, en la política ha optado por un bajo perfil, dejando que otros hablen y hagan por él.

Lo que es un hecho es su evidente popularidad. Muchos lo ven como uno de los suyos, perdonándole todo. No importa que el PES haya pagado por su candidatura, ni que se asegure que pasó momentos lamentables de violencia con mujeres; al final todo se remite a que es el Cuau; y todo está dicho.

López Obrador ya dio el visto bueno para que el exfutbolista sea el candidato de la alianza que encabeza Morena a la gubernatura del Morelos. Sorprende que no hay cuestionamientos de ninguna índole al interior del partido. Todo lo remiten a que ganó la encuesta, pero nunca queda claro cómo se hizo y a quién preguntaron, aderezado con que “el pueblo nunca se equivoca”.

Ha sido ungido y todos callan; es una docilidad que termina en sumisión y sin el más mínimo asomo de análisis y crítica. Es una prueba más del “síndrome de puerta giratoria” en que López Obrador ha ido convirtiendo a Morena.

Para los habitantes de Morelos el problema no termina con el sí o no a Cuauhtémoc Blanco. El PRD está en un lío del cual no ha podido salir. Va mano en el Frente que tiene con el PAN y MC en la designación del candidato a la gubernatura.

El tiempo pasa y si no logra un acuerdo interno, el PAN podría designar a su candidato, con lo cual el voto se atomizaría. Si alguien gana con ello es el PRI, el cual está diluido en el estado; y, sobre todo, el Cuau, que sin hacer mucho políticamente está en el umbral de ser gobernador.

RESQUICIOS.

Los INDEPENDIENTES con posibilidades reales, léase El Bronco, Margarita, Ríos Piter y Marichuy, están haciendo su chamba. Ayer El Jaguar lanzó una propuesta interesante a sus pares: “Sentémonos y veamos qué hacemos juntos”.

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